lunes, 13 de marzo de 2017

CÓMO GUARDAR LA SANTIDAD Ivan Baker



Como Ser Santo y cuidar la Santidad

¿Cómo ser santo y guardar la santidad? - Podemos pensar en la siguiente respuesta: tenemos que leer la biblia, orar y no dejar de congregarnos. Mas hoy usted podrá entender mejor, si estuviera dispuesto a ser enseñado por el Señor. Él va a enseñarte, Él va a instruirte. Si estuvieras dispuesto a obedecer a las enseñanzas del Señor, Él va a guardarte. Vamos a leer los últimos versículos de Judas:
"A aquel que es poderoso para guardaros de tropezar, y presentaros ante su gloria inmaculados y jubilosos, al único Dios, nuestro Salvador, por Jesucristo nuestro Señor, gloria, majestad, dominio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén."
¡Él es poderoso para guardaros de los tropiezos y presentaros con gozo! ¡El Señor puede guardarnos sin manchas delante de su gloria! ¡Pero, si nosotros obedecemos a sus instrucciones!

La iglesia tiene que ser la estructura que Jesús dejó. Dios constituyó ministerios. A estos ministerios les dio enseñanzas, y les dio instrucciones de como el Cuerpo de Cristo es edificado. Tenemos que recurrir a la estrategia del Espíritu Santo. 
Dios sabe que somos flacos, inconstantes, débiles, fáciles de caer y Él nos dio recursos para que seamos fuertes, amorosos, con dominio propio al tan solamente obedecer a  los principios que el Señor nos dejó.

¿Cual es la clave de la debilidad? - Es el aislamiento, la soledad. Sin embargo, usted puede estar muy acompañado, pero tu corazón seguir estando cerrada, tu conciencia seguir estando cerrada.
Usted puede, hasta estar muy acompanhado, pero esa compañía, no servir. Estoy hablando de estar unidos, no de estar aislados. Estar unidos con los corazones abiertos, abrir el corazón uno con el otro. Conociéndonos, ayudándonos. Dios dio recursos para su iglesia. Él quiere darle consuelo, corrección, santidad, servicio, orientación, crecimiento, desenvolvimiento de dones, santidad, amor, frutos abundantes.

Todo esto, quiere darnos, el Señor. (Juan 13:34-35) "amaos los unos a los otros como yo os amé". ¿Cómo amó Jesús? Amó dando su vida.
Juan dice que tenemos que dar nuestras vidas los unos a los otros. ¡Cuando dos se juntan y los dos están en Cristo, y cada uno da su vida al otro: cada uno se abre al otro; cada uno ora por el otro; cada uno intercede por el otro; cada uno consuela al otro; cada uno anima al otro; cada uno rescata al otro; cada uno da poder del Espíritu al otro! ¡Oración! ¡Amor! ¡Estos se levantan! ¡En amor, santos, puros, con poder para hacer la obra del Señor! 
¡Ser santo no significa ir para un convento! ¡Ser santo no es solamente no pecar! ¡Ser santo es ser separado para Dios! ¡Jesús era santo, porque era santo en su forma de vivir! ¡Y porque se separó para hacer la voluntad del Padre! Era un vaso! ¡Separado! ¡Para los usos y para la voluntad de aquel que lo envió!
¡Usted va a ser santo! ¡No significa apenas que no va a pecar! ¡Significa además que usted es separado para servir al Señor! ¡Ahora el Señor está en el cielo, pero también el Señor está en la tierra a través de su hermano! ¡En tu hermana! ¡Esto es Cristo! ¡Cuando usted hace para su hermano lo que Cristo quiere, usted está haciendo para Cristo!

¡Jesús quiere que sirvamos unos a los otros! (Efesios 3:14) (Efesios 4:2) Con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, soportando unos a los otros en amor. 
(Ef 4:11) Primero Pablo habla del amor de Jesús que tiene que estar en nuestros corazones. ¡La primera condición es el amor de Cristo!
¡No mi amor, sino el amor de Cristo! Mi amor es una cosa, el amor de Cristo es otra. Mi amor quiere mucho para mí. El amor de Cristo no quiere nada para si. Quiere dar, quiere levantar, quiere salvar, quiere bendecir. Este amor de Cristo fue derramado en nuestros corazones. La primera parte del capítulo 4 habla de mansedumbre y humildad, de paciencia, condiciones indispensables para estar juntos.

Todas estas palabras tienen que ver con unidad, con un cuerpo, no con miembros aislados, sino con miembros unidos, en el amor de Dios. En el Espírito de Cristo. Dios constituyó ministerios para que ellos produzcan iglesia. ¿Y que es la iglesia? - el cuerpo de Cristo. Cuando usted habla de iglesia, habla del cuerpo. Usted no puede comprender que es la  iglesia sin comprender que es cuerpo...

Dios creó un cuerpo. Dios unió un cuerpo. Y todos son miembros que se ayudan mutuamente. Tenemos que ser un cuerpo ayudando unos a los otros. No mirando cada uno solamente lo que es suyo, sino también a los demás. Cuidando, exhortando. Viviendo lo que dice Colosenses 3:16. ¡¡Ésta es la comunión de la Palabra de Cristo, de la presencia de Cristo!! ¡El amor de Cristo! ¡Compartido entre todos! ¡Para esto es necesario que nos revistamos de Cristo Jesús! De entrañables afectos de misericordia, de benignidad, de humildad, de paciencia, perdonándonos los unos a los otros. Si alguien tiene alguna queja contra otro, soporte uno al otro en amor. ¡ Por encima de todas estas cosas, la iglesia tiene que revestirse de amor!

¡El amor de Cristo! ¡Porque el amor de Cristo es el vínculo perfecto de la comunión! ¿Por que perfecto? - ¡porque ama, porque espera, porque soporta! ¡Porque bendice! ¡Porque perdona! ¡Porque sustenta! ¡Porque alimenta!
¡Los ministerios tienen la función de ayudar a formar el cuerpo de Jesucristo! ¡Para el correcto ordenamiento de los santos! ¡Podemos decir con otras palabras, que tienen la función de unir a los hermanos de forma adecuada! Para que cada uno ejerza su ministerio. ¡Si no hay unidad, no hay ministerio!

Los ministerios unen a los santos para que cada uno ejerza su ministerio común. Para que se forme el cuerpo de Jesucristo. Y si formamos el cuerpo de Cristo, como está en la palabra, ¿que va a acontecer? - ¡vamos a alcanzar la unidad de la fe! ¡Y vamos a estar edificados a la medida de la estatura de Cristo! Y no seremos niños llevados por cualquier viento de doctrina. Sino siguiendo la verdad en amor vamos a ser edificados conforme la cabeza. De quien todo el cuerpo bien ajustado y consolidado por todas las juntas, que se ayudan mutuamente, según la justa operación de cada uno recibe su crecimiento. Efectua su propio aumento. ¿De dónde? ¡De la cabeza!
Cuando estamos unidos, cuando estamos dispuestos a soportar los unos a los otros, y perdonar los unos a los otros, estimular los unos a los otros, y consolar los unos a los otros, y edificar en Espíritu con los dones que cada uno de nosotros tiene. Y ahí opera los dones, en las juntas de la iglesia.

¡Cuando nos aconsejamos, y ministramos la palabra los unos a los otros, entonces, todo el cuerpo va creciendo! ¡Y todos se tornan fuertes! ¡Y todos estarán estables en Cristo! Y el Señor nos presentará con gran alegría, sin manchas.

¡No solos, sino acompañados! Unidos realmente, con toda sinceridad. Abriendo el corazón. Si yo me quedo solito, el diablo puede dar vueltas a mi alrededor; pero si estoy con un hermano, dice Jesús: "Yo estoy en el medio". ¡¡¡Cuando dos o tres se reunen en mi nombre yo estoy en el medio de ellos!!! Aleluia!!! ¡Esta es la fuerza, el consuelo! ¡Esta es la firmeza! ¡Esta es la estabilidad! ¡¡¡El diablo antes podía hacer arrancar su vida, solito, mas ahora en unidad con mi hermano, él no lo consigue!!! ¡¡No puede!! ¡¡¡No puede!!! ¡¡¡Jesús está en el medio!!!

¡La unión de los miembros es la fuerza del Espíritu Santo en la iglesia! ¡Para la edificación de cada miembro! ¡Hasta que todos lleguemos a la estatura de Jesucristo! ¡A El sea la gloria! ¿Ya comprendió? ¡No solito! ¡Y no apenas juntos, sino juntos en el Espíritu y en el amor de Cristo! ¡Para Su gloria!

¡Para que El haga lo que quiera en cada uno de nosotros! ¡Te alabo, Señor, porque la estrategia del Espíritu Santo es perfecta! ¡Ayúdanos a ser humildes! ¡A tener conciencia de sentir falta de mi hermano! ¡A ministrar unos a los otros! ¡A cuidar unos a los otros! ¡Que ninguno se quede solo, que ninguno se quede aislado! ¡Que todos estemos unidos! ¡Como un solo cuerpo! ¡Bien consolidado y unido entre si por todas las juntas! ¡Ayudándonos mutuamente! ¡Según la operación del Espíritu Santo! ¡Para ir edificándonos en amor! Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas, mucho más abundante de lo que pedimos o pensamos. ¡A El seja la Gloria! ¡Por la iglesia! ¡¡¡Por los siglos de los siglos!!! ¡¡¡Amén!!! ¡¡¡Aleluuuyaaa!!!

(Palabra que fue generada a partir de una grabación de un encuentro en Salvador, en 1993.)

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