martes, 14 de marzo de 2017

LOS DISCÍPULOS: MÁXIMA PRIORIDAD Pedro Willianson


Jesús y los doce.

La formación personal que Jesús les dio a sus doce discípulos era familiar para los judíos de su tiempo. Puede que también nos sea útil hoy si lo miramos con detenimiento. Hace varios años le preguntaron a un presbítero muy conocido: "Si usted fuera el presbítero de una iglesia en una ciudad importante, ¿cuál sería su plan de acción?". El respondió: "Convocaría a un pequeño grupo de ocho, diez o doce hombres alrededor mío para reunimos unas horas por semana, compartiría con ellos todo lo que he aprendido durante algunos años; luego tendría en efecto, doce ministros en la congregación, ellos podrían, a su vez, tomar a otros hombres y enseñarles. Conozco iglesias que lo están haciendo, y eso está revolucionándolas”. Jorge Martín, en “La Parroquia de Hoy”, propone un plan similar para resolver la marcada escasez de obreros. Martín señala el ejemplo de Jesús en la formación de los doce y dice: “Quizás los pastores debieran pensar que van a quedarse sólo tres años en sus parroquias, y que, cuando se vayan, nadie vendrá de otro lugar a cubrir su función. Si actuaran como si esto fuera a ocurrir, agrega, "pondrían la máxima prioridad en la selección, motivación y entrenamiento de aquellos discípulos que tomarán la posta". Los resultados de tres años continuos de este trabajo serían muy significativos. Hasta revolucionarios. 
En estos últimos años muchos cristianos han vuelto a interesarse en la escuela de Jesús a fin formar hombres para el servicio. La falta de obreros que puedan funcionar en las comunidades entrenando a nuevos, es uno de los factores que ha influido para que la atención se dirija nuevamente a la relación de Jesús con sus discípulos. Diversas interpretaciones Hay una gran variedad de interpretaciones sobre la tarea de hacer discípulos, suscitando bastante controversia con la irrupción de la renovación carismática. Algunas personas han cuestionado estas relaciones de formación por parte de otro líder que no sea Jesús mismo. Otros se han valido de ella como solución para muchos de los problemas de la iglesia. Sugiero que veamos tres relaciones de formación: la relación rabino-discípulo, la relación de padre-hijo entre los judíos en el tiempo de Jesús, y la relación líderes de la iglesia primitiva y los hombres a quienes ellos entrenaban. Cuando pensamos en "discípulos", tendemos a pensar sólo en aquellos doce de Jesús. Pero el Nuevo Testamento se refiere también a los discípulos de los fariseos y los de Juan el Bautista (Mt. 9.14, Mt. 22.15-16; Mr. 2.18). En aquellos tiempos, la relación maestro-discípulos era, entre los judíos, la manera más común de preparar a los hombres para los roles de liderazgo religioso. 
A pesar de que la palabra griega para discípulo quería decir simplemente "alumno", en el Nuevo Testamento tienen siempre una mayor connotación. Los discípulos a los que se alude en el Nuevo Testamento eran, en cuanto a la relación con sus maestros, más bien aprendices. Ahora bien, el Nuevo Testamento usa también el término discípulo para todos los que creen en Jesús, de modo que la palabra es usada de dos formas: una, en forma especial para aquellas personas que seguían a un maestro tal como Jesús o Juan el Bautista a todas partes, en una relación explícitamente de formación como aprendiz, y otra, para denominar a todos los que aceptaban el evangelio y se convertían en cristianos. El no reconocer estos dos sentidos de la palabra discípulo en el Nuevo Testamento ha sido una fuente de confusión para muchos, especialmente al interpretar Mateo 28: "Id y haced discípulos a todas las naciones". Algunos concluyen que todo cristiano debería ser discipulado en la misma forma que los doce. Otros, queriendo cubrir la necesidad de formación e instrucción que tiene todo nuevo cristiano, han incorporado lo que llaman "enseñanza o curso de discipulado". En consecuencia, se ha desarrollado un concepto de hacer discípulos, a mi modo de ver, diluido, que no tiene ni un leve parecido con aquella relación de Jesús con sus discípulos. Rabinos y discípulos Recientemente encontré información útil sobre la naturaleza de hacer discípulos en los tiempos de Jesús en un artículo titulado “Las relaciones entre maestro y discípulo en la Era Talmúdica”, de Moisés Aberbach. 
Como lo describe el autor, lo que llama la atención sobre el modelo de educación rabino-discípulo es en cómo estaba ligada la enseñanza a una relación personal, de compromiso, entre el estudiante y el maestro. A pesar de que se conocía el aprendizaje autodidáctico, se lo desaprobaba, ya que podía terminar en aberraciones. La enseñanza que recibía un discípulo de su maestro era mucho más que un estudio académico e iba mucho más allá del aula de clase. 
El discípulo pasaba el mayor tiempo posible con su maestro y a menudo vivía con él en la misma casa. Aberbach dice: "Se esperaba que los discípulos no sólo estudiaran la ley y todas sus ramificaciones, sino también que se familiarizaran con un tipo específico de vida, lo que sólo podía realizarse estando constantemente pendientes de su maestro... Los rabinos enseñaban tanto con su ejemplo como con preceptos. Es por esto que los discípulos necesitaban anotar tanto los hábitos y conversaciones diarias de su maestro, como su enseñanza". 
Los alumnos trataban a sus maestros con la mayor deferencia y respeto. "Seguir" a un maestro significaba aceptar su enseñanza, pero cuando lo acompañaban, se suponía que los discípulos caminaban literalmente detrás de él, hacia un lado o el otro. Los alumnos también servían a su maestro en muchas formas prácticas, desde acomodar los bancos en el cuarto que se usaba para la enseñanza hasta cocinar para él; también el ayudarlo en las casas de baños era un servicio comúnmente asociado con el discipulado. A pesar de la subordinación y de las costumbres respetuosas que caracterizaban a la relación entre el maestro y el discípulo, ésta no era para nada distante o meramente formal. El maestro trataba de criar a sus discípulos como hijos: los cuidaba, proveía para ellos (generalmente el rabino costeaba esta educación) y alababa o amonestaba a sus discípulos según su parecer. Aberbach describe a la relación como muy estrecha y caracterizada por un profundo amor paterno filial. El resumen estándar de las responsabilidades del discípulo era que todas las obligaciones que él tenía con su padre le correspondían para con el maestro. Después de completar sus entrenamientos, se esperaba que los discípulos se convirtieran en maestros y transmitieran la enseñanza recibida a otros. Jesús y los doce Cuando examinamos los evangelios a la luz de esto, podemos reconocer varias cosas que nos son familiares. Jesús se ocupaba de que sus discípulos aprendieran estando con El y observando lo que El decía y hacía. Ellos vivían con El y viajaban con El. 

Era una relación de compromiso. 

Los discípulos de Jesús dejaban a sus familias, amigos y ocupaciones para seguirlo y aprender de El. Es muy posible que muchas de las costumbres respetuosas que caracterizaban a las relaciones de los rabinos y sus discípulos se daban también entre Jesús y los doce. Los evangelios indican que los discípulos de Jesús le servían de varias maneras: comprando comida, preparando la pascua y pagando el impuesto del templo, por nombrar unas pocas instancias (Jn. 4.8, Mt. 26.17, Mt. 17.24-27). Vemos la misma meta en la relación de Jesús con sus discípulos. El desea que ellos entiendan y transmitan sus enseñanzas y que, en un cierto sentido, tomen su lugar, "El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro." (Lc. 6.40). "Como me envió el Padre, así también yo os envío". (Jn. 20.21) "El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha, a mí me desecha" (Lc. 10.16). Por supuesto que la relación de Jesús con sus discípulos se diferencia en formas diversas e importantes de las relaciones de otros rabinos con sus discípulos. El requería de sus seguidores más de lo que cualquier rabino se hubiera atrevido a pedir; por otra parte, nunca pretendió que sus discípulos tomaran totalmente su lugar. "Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo" (Mt 23.8-10). Preparándose como hombre Entre los judíos del Antiguo Testamento, como entre los del siglo I, era la madre la que cuidaba, enseñaba y educaba tanto a los niños como a las niñas durante sus primeros años de vida. Pero a partir de los cinco o siete años, el padre toma el rol principal en la educación de los varones. Estos estaban todo el tiempo con sus padres. Por ejemplo, si el padre de un niño era herrero, el niño iba con él y lo ayudaba, haciendo cosas muy simples mientras era pequeño y asumiendo más y más responsabilidades a medida que iba creciendo. El hijo tenía así la posibilidad de observar cómo se desenvolvía su padre en cada circunstancia de la vida, a la vez que aprendía el oficio de él. El padre le enseñaba al hijo mostrándole lo que él mismo hacía. Jesús alude a esta dimensión de la relación entre padres e hijos cuando dice: "Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace" (Jn. 5.20). El ideal de un padre era criar a un hijo que fuera igual a él. Papá, el maestro Las Escrituras enfatizan el rol que tienen los padres en la educación de sus hijos. Cuando Dios instruye a Israel acerca de la Pascua, ordena que los padres expliquen a sus hijos cómo los sacó el Señor de Egipto (Ex. 13.14). El sería la fuente principal de enseñanza sobre la fe de la familia, la historia del pueblo y sobre asuntos de comportamiento: "Pregunta a tu padre, y él te declarará" (Dt. 32.7, Dt. 6.6-7, Dt. 20-25, Ex. 13.13-15). El libro de Proverbios está lleno de exhortaciones a los hijos a que presten atención a la instrucción de sus padres; y a los padres, a que enseñen a sus hijos (Pr. 1.8, Pr. 3.1; Pr. 19.18, Pr. 29.17. La palabra para "disciplina" y "corregir" tiene aquí también el significado de instruir. El diálogo entre el hermano mayor y el padre al final de la historia del Hijo Pródigo (Lc. 15 : 11-32) ilustra el tipo de relación que existía entre padres e hijos en los tiempos de Jesús, El hijo mayor se queja por la fiesta que le hacen a su hermano y objeta que él ha sido tratado mal, ya que "todos estos años te he servido y obedecido". Estas eran las obligaciones que un hijo, aun de adulto, tenía para con su padre mientras viviera en la casa de éste. El padre le responde diciendo que las circunstancias justificaban la celebración, y que él no había faltado a sus obligaciones para con su hijo mayor: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas". El había compartido todo con su hijo mayor. Lo que le pertenecía al padre era virtualmente de su hijo, y cuando el padre muriera, el hijo heredaría todo lo de su padre. 

Escuela intensiva 

Cualquiera sea la idea que nos hayamos formado sobre la relación de Jesús con los doce y la formación que los padres daban a sus hijos, queda por hacer una pregunta: 

¿Hay un lugar para esta escuela intensiva de formación de obreros en la iglesia o es que la formación que dio Jesús a los doce fue único, así como único es el rol de esos discípulos en la historia de la salvación y en la iglesia? 

¿Es que el carácter de Jesús lo calificaba únicamente a él para hacer discípulos de esta manera? 

La historia de la iglesia primitiva nos muestra que los primeros cristianos empleaban relaciones de formación como las que hemos estado examinando. A pesar de que el Nuevo Testamento sólo usa una vez el término discípulo para describir la relación de los cristianos con otro que no fuera Jesús (Hch. 9.25), muestra claramente a Bernabé enseñando a Pablo y éste a Timoteo, Tito y probablemente a otros. “Timoteo, hijo mío” Pablo se llevó a Timoteo de Listra para que viajara con él y lo asistiera en su ministerio. Timoteo se quedó con él varios años. Durante ese tiempo, fue enviado a varias misiones y finalmente se le dio la responsabilidad de la iglesia en Efeso. Es a Timoteo, el discípulo graduado, a quien Pablo dirige las dos cartas que llevan su nombre. Pablo lo consideraba como a su hijo y él veía a Pablo como a su padre en el Señor (1 Tim. 1.2, 1 Tim. 18). Pablo se sentía con libertad de darle órdenes a su discípulo sobre el gobierno de la iglesia en Efeso (1 Tim. 1.3,18; 1 Tim. 5.3, 1 Tim. 9, 1 Tim. 17). Timoteo estaba bajo su autoridad en el ministerio; la iglesia de Efeso se hallaba bajo la supervisión final de Pablo. El aconsejó a Timoteo sobre cómo manejar diversas relaciones con la gente, así como aconsejaría un padre a su hijo: "No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza" 1 Tim. 5.1-2. Le da directivas personales sobre su salud. No trata de persuadirlo sino que directamente le dice lo que debe hacer: "Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades". 1 Tim. 5.23 En otra parte. Pablo lo exhorta personalmente sobre un área de debilidad: "Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios" (2 Tim. 1.6-8). Timoteo, como muchos siervos de Dios, tenía un problema de confianza y una tendencia a no manejar las cosas de la manera directa que era apropiada. Pablo le recuerda a Timoteo que continúe por el camino que él le mostró por medio de su ejemplo y enseñanza: "Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros" (2 Tim. 1.13-14); "Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido" (2 Tim. 3.10-14). 

Juan, Policarpo y Papías 

Más allá de la información dada por el Nuevo Testamento, hay considerable evidencia de que al menos algunos de los doce tomaron discípulos. Por ejemplo, parece que hubo una relación de formación entre Pedro y Marcos, y Juan y Policarpo; a su vez Policarpo, antes de terminar su vida como mártir, les comunicó a Ireneo y Papías lo que había recibido. Era una práctica común que los obispos, maestros y monjes tomaran discípulos a quienes ellos formarían. ¿Qué es esta relación ? A este punto sería útil identificar la característica común de las relaciones entre rabinos y discípulos, padres e hijos, y líderes de la iglesia primitiva tales como Pablo y líderes pastorales jóvenes como Timoteo. Esto va a aclarar lo que quiero decir con "relación de formación". 

Primero

El propósito de estas relaciones era preparar a alguien para un rol similar al de la persona que está enseñando. Así se preparaba a los hijos para asumir las responsabilidades del hombre y de la paternidad; Timoteo y los doce fueron preparados para los roles de liderazgo cristiano. 

Segundo

En la relación había un orden definido: una persona instruía y la otra aprendía. La persona que era instruida servía a la persona que lo instruía y recibía directivas personales de él. La relación de formación suponía un grado de dirección personal mayor que la del pastoreo normal. 

Tercero

Gran parte de la formación se daba a través del instructor, viviendo su vida y haciendo su trabajo en la presencia de la persona que recibía la instrucción. Durante el tiempo que pasaban juntos, la persona que daba instrucción buscaba enseñar por medio de su ejemplo, y la persona que lo recibía buscaba modelarse según su maestro. 

En cuarto lugar

Una responsabilidad importante del instructor era el enseñar. En todos los ejemplos que hemos considerado en este artículo, la enseñanza era tomada de las Escrituras; cómo conducirse en la vida diaria y cómo hacer lo que hacía el instructor, ya fuera carpintería, hilandería o pastoreo, era lo que el discípulo asimilaba. Finalmente, la relación entre el instructor y su discípulo era profunda, estrecha y personal. En estos ejemplos, era análoga a la relación entre un padre y un hijo. Dado que el propósito de la relación era la formación, la fase de instrucción era temporaria, aunque se establecía un vínculo para toda la vida, siendo paralela a la relación de un hijo adulto con su padre. Una escuela para hoy Pienso que las ventajas de las relaciones de formación son obvias. ¿Cuántos hijos se beneficiarían con una relación de este tipo con sus padres? ¿Cuántos líderes cristianos podrían alcanzar la madurez más rápidamente y con menos problemas si se practicara este tipo de entrenamiento con ellos? No importa que otros argumentos puedan ser aducidos por su utilidad; si Jesús se valía de estas relaciones para entrenar a los primeros líderes de la iglesia, debería motivamos a considerarlo seriamente y comenzar a desarrollar la forma práctica de hacerlo.

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