martes, 14 de marzo de 2017

MATRIMONIO ¿Sueño o pesadilla? Silvia Palacio de Himitian




No hay nada más perjudicial que forjar un hombre (o mujer) ideal en la imaginación y luego buscar alguien que encaje dentro de ese perfil que hemos dibujado para poder amarlo. Nos confundimos creyendo que sólo proyectamos en ese ideal nuestros deseos y aspiraciones mientras esperamos que llegue a nuestra vida esa persona que los cumplirá todos.

Finalmente aparece alguien que sentimos que debe ser. Y aún antes de conocerlo a fondo le endosamos todo el cúmulo de virtudes y perfecciones que hemos soñado. Sobre su rostro, su sonrisa, su personalidad, dibujamos ese otro ser ideal que está dentro de nosotros, Como si el real, el que tenemos enfrente, fuera sólo una pantalla en blanco, proyectamos sobre él la imagen creada en nuestras mente. Le atribuimos una personalidad que no siempre coincide con lo que el otro es en realidad. Y, por supuesto, obviamos todo defecto,

Se trata de un enamoramiento ilusorio y pasajero. El ser que aman, en realidad no existe. Es apenas una fantasía de su mente.

Muchos se casan con un ideal, un sueño, una imagen virtual que no coincide para nada con la realidad que van a encontrar después. Y cuando descubren al ser real que existe detrás de la ilusión, lo rechazan, lo desprecian y descargan toda su agresión sobre él por no ser lo que esperaban. Sobreviene la decepción. Se sienten defraudados. Han imaginado un ser ideal y luego maltratan al ser real por no adecuarse a sus sueños. Y el otro no entiende por qué. Si siempre ha sido igual ¿por qué este rechazo ahora?…

No tenemos derecho a pedirle a nadie, ni mucho menos exigirle, que sea un dechado de perfecciones mientras nosotros mismos somos imperfectos y falibles. No busques al hombre de tus sueños o a la mujer de tus sueños: ¡descubre y comienza a apreciar al ser real con quien te has casado! Tu marido, tu esposa no tiene la culpa de no ser como tú lo has soñado. No es él o ella quien debe cambiar, sino tu concepción de las cosas.

Necesitas volver a mirar a esa persona y descubrirla en su realidad. No es perfecta. ¡Nadie los es!

Tú tampoco. Con el tiempo tal vez encuentres en ella valores más trascendentes que los que tú le otorgastes en tus sueños.

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