martes, 2 de enero de 2018

NO A LA RUTINA Parte II


El espíritu rutinario

Los prejuicios son conceptos anteriores a la observación. Así que los juicios, exactos o erróneos, siempre son consecutivos a ella. Todos los individuos poseen una base de datos o de pensamientos; de ahí que los adquiridos en Dios facilitan y marcan rumbo al discípulo. En cierta medida nadie se los puede sustraer. 
No obstante, cuando la rutina gana terreno el cristiano entra en una pasiva obsecuencia con el plato servido en bandeja por su denominación. En contraste, los pensamientos y acciones adquiridas en Dios se constituyen en propiedad de los discípulos, le son intrínsecos: conforman su visión y su carácter. Éstos son individuales e inconfundibles. Toman distancia de la rutina, que es colectiva y esencialmente perniciosa, extrínseca al individuo, pero común a la mayoría. La rutina muchas veces es producto de contagiarse del criterio y forma de vida corriente. 

La visión y la originalidad se van consolidando día a día en los discípulos de Jesús a diferencia de la rutina que atrasa y casi siempre es propia de las instituciones religiosas que la imponen. La trasmisión de la enseñanza cristiana conlleva este peligro: intenta borrar todo  análisis colocando cristales prestados a los creyentes. La acechanza persiste cuando el trato es cercano y frecuente con hombres rutinarios, que niegan y se niegan a la renovación. 
En la actualidad el contagio mental y espiritual del espíritu rutinario flota en la atmósfera y acosa por todas partes y también en las iglesias. En un ambiente así es más contagiosa la rutina que la posibilidad de cambio.

Dejemos que el Señor nos indique el camino por el cual debemos andar. Huyamos de la rutina.


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