miércoles, 3 de enero de 2018

NO A LA RUTINA Parte III

Cuando nos volvemos cristianos rutinarios. Consecuencias. 

*Razonamos con la lógica y los preceptos de los demás. Allí se produce una fusión con el deseo y la visión ajena. 

*Somos dóciles a la fuerte presión del conjunto, maleables bajo el peso de la opinión y el consenso general, no evaluado ni pensado, que nos achata como una delgada lámina. 

*Nos convertimos en sombras que viven del juicio ajeno. Nos ignoramos a nosotros mismos, limitándonos a creer como los creen los demás. 

Los discípulos de Cristo que deseen salir de la rutina que no da frutos deberían incubar su propia visión en Dios estando abiertos a los cambios que el Espíritu Santo quiera operar en ellos. Con el tiempo ir adoptando un criterio de la vida y la obra cristiana en base a su comprensión de las sagradas escrituras y a la experiencia adquirida, aunque sea poca. En otras palabras, tener una mente espiritual. "En cambio, el que es espiritual lo juzga todo, aunque él mismo no está sujeto al juicio de nadie" (1° Cor. 2:15)

Una radiografía de los rutinarios

Tienen un verdugo que es el desconocimiento del propósito supremo de Dios. Esto los hace instrumentos de domesticidad y los inhabilita para nuevas instancias de renovación. Este desconocimiento del plan eterno también los lleva a pensar que es mejor su lealtad a la organización que a los principios del reino de Dios que fueron revelados por gracia. 
Los rutinarios no intentan indagar ni sospechar de aquello que se les inculca, "por marchar al paso de las costumbres han perdido el uso del galope" decía un antiguo poeta. Su falta de examen de las cosas termina por convencerlos de que no hay más nada por descubrir y cualquier objeción les parece una impertinencia. Para ellos algunos cometieron la imprudencia de pensar. Creen que leer lo que pone en vilo sus conceptos produce efectos dañinos a su salud espiritual por eso sus pupilas se deslizan hacia las promesas, las ofertas, a aquello que no inquieta ni incomoda. 
Los rutinarios gustan compartir con los superficiales, aquellos que nada podrían aprender los discípulos con ansias de renovación.

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